Desde participar en la generación de electricidad sin contaminación hasta la producción de poderosos antioxidantes, las algas tienen propiedades que las hacen muy valiosas para la humanidad, muchas de las cuales sólo se conocen a nivel de laboratorio.
Ya no se trata solamente de verlas en nuestra mesa, las algas hace rato que superaron esa etapa y se han incorporado de maneras muy diversas y, generalmente, desconocidas a nuestra vida diaria.
Así es como tenemos,
además del cochayuyo, el ulte y otras variedades comestibles, algas en nuestra
pasta de dientes, cremas, protectores solares,
medicamentos y otros tantos productos.
De hecho Chile está en el sexto lugar mundial
en exportación de hidrocoloides a partir de algas. Son químicos extraídos de
éstas que se usan como excipientes en los medicamentos, conservantes de los alimentos,
estabilizadores, gelificantes y anticristalizantes
de origen natural.
Sin embargo estas
aplicaciones comerciales actuales son un mínimo de lo que aún pueden ofrecer
las algas de nuestro país para mejorar la vida de las personas. Y esa es la
apuesta de investigadores de la Universidad de Concepción que están
desarrollando y poniendo al servicio de la humanidad nuevos usos para las algas
chilenas.
¿Quién diría que esos
residuos rojos que quedan cuando se secan los charcos están llenos de un
poderoso y caro antioxidante?
Por muy raro que
parezca, es verdad. Una microalga llamada Haematococcus lacustris (o pluvialis)
crece en las pozas que deja la lluvia y cuando se seca o recibe demasiado sol
genera una sustancia roja para protegerse. Esta sustancia es nada menos que astaxantina,
uno de los mejores y más valorados antioxidantes del mercado.
“El organismo completo es una sola célula,
tiene un solo ADN y si ese ADN se daña la célula muere. Entonces al quedar
expuesta al sol, especialmente a los rayos ultravioleta que le generan estrés
oxidativo, la microalga produce astaxantina en grandes cantidades para
protegerse”, explica el dr. Regis Lefeuvre, del Centro de Biotecnología UdeC.
La astaxantina tiene 6
mil veces más poder antioxidante que la vitamina C, 800 veces más que la coenzima Q10 y 4,9 veces
más que el betacaroteno.
Además tiene la gracia
de ser bien recibida por el cuerpo humano. “Porque en el
mercado hay gran variedad de antioxidantes pero muchas veces no pueden pasar
las barreras del organismo, se van a quedar en el estómago y se van a desechar.
O sea, los puedo consumir pero no me van a aportar ningún beneficio real. Esta astaxantina
proveniente de la microalga sí se incorpora” recalca el dr. Lefeuvre, quien es
director del proyecto “PolyAstax: Poliploidización artificial como herramienta
biotecnológica para incrementar el rendimiento de astaxantina de la microalga
Haematococcus pluvialis (lacustris)”, que cuenta con recursos de Fondef IDeA y
el apoyo de la Universidad de Concepción y la empresa Pigmentos Naturales S.A.
Este antioxidante es
considerado muy valioso para el consumo humano pues ayuda a prevenir las enfermedades neurodegenerativas, el cáncer, las enfermedades
oculares y de la piel y mejora la respuesta inmune.
En un plazo de 20 años dedicado a la
producción de astaxantina Jorge Pérez, gerente general de Pigmentos Naturales,
ha podido comprobar de cerca los beneficios de este antioxidante. “Mi esposa, con quien llevamos más de 40 años
de casados, sufrió un accidente cerebrovascular. La trajimos urgente a la Clínica
Alemana en Santiago y acá, después de hacerle muchos exámenes,
determinaron que ella no tenía secuelas porque había tomado astaxantina. Tenemos
un período de 20 años tomándola y gracias a eso las venas y arterias del
cerebro se mantienen flexibles y cuando vino el trombo lo dejaron pasar sin
romperse, por eso no tuvo secuelas”, asegura.
No sólo para humanos
La astaxantina también es responsable de color
característico del salmón. En la naturaleza estos peces consumen organismos
como krill y pequeños crustáceos que se alimentan de microalgas marinas que
producen este antioxidante.
La cría del salmón en las pisciculturas debe
agregar astaxantina a su alimentación para que obtenga la coloración correcta.
De hecho así fue como se inició esta
industria, según cuenta Jorge Pérez, gerente general de Pigmentos Naturales
S.A. empresa chilena que es una de las 6 principales productoras de astaxantina
en el mundo, y la única latinoamericana. “Después comenzó a ser interesante
para el consumo humano por la capacidad que tiene de retardar el proceso de los
radicales libres que son los que hacen que envejezcamos”.
Cómo mejorar un alga
La microalga que se usa actualmente tiene una
producción promedio de 2% de astaxantina. Es decir por cien kilos de alga, 2
kilos son del antioxidante. Un kilo purificado del antioxidante se vende a 12
mil 500 dólares aproximadamente.
De ahí que los investigadores se abocaran a
lograr una cepa que produjera más astaxantina sin necesidad de alterar el
proceso productivo.
“La idea fue hacerle una modificación genética
que no fuera transgenia”, es decir, que no incorporara genes de otros
organismos en la planta, destaca Regis Lefeuvre.
Por ello se utilizó la poliploidización, un
método que existe en la naturaleza mediante el cual se duplica el material
genético del organismo, en este caso la microalga, para que “sea más grande y
produzca mayor cantidad de astaxantina”, explica el dr. Lefeuvre.
Cada vez que una célula se va a reproducir
duplica su material genético y se divide. Así cada nueva célula queda con el
contenido genético original. “En laboratorio se evita que la célula se divida y
después de un tiempo la misma célula se resetea y se queda con el material
genético duplicado”, detalla.
Esto ocurre naturalmente. “Muchos árboles y la
mayoría de los productos agronómicos son poliploides, por ejemplo el maíz, los
plátanos, la papa chilena, que es la que se usa en todo el mundo. Por ello no
se consideran organismos modificados, sino nuevas variedades. Lo mismo pasa con
esta microalga”, asegura el investigador.
Tras un arduo trabajo de 2 años y medio los
investigadores lograron una cepa mejorada que produce al menos un 30 por ciento
más astaxantina que la normal y tiene el honor de ser la primera microalga
poliploide conocida.
“Nuestro producto sería esta cepa modificada,
que tenemos respaldada en un banco de algas y está con las patentes. También
tenemos protección para esta metodología que podemos utilizar para mejorar
otras algas que producen otros compuestos interesantes”, comenta el
investigador.
Lo que viene
Tras pasar los exigentes procesos de la
investigación científica, la nueva cepa tiene que probarse en producción
industrial.
“Esperamos probarla hacia fines de año,
comienzos de enero, así en marzo ya deberíamos tener un resultado que nos
permita saber a nivel industrial si en comparación con la cepa original
tenemos este diferencial en cuanto a calidad de ley y de volumen. Nosotros
trabajamos al 2%, si esta cepa fuera buena con que me dé 2,4% yo me siento feliz”, asegura el gerente de
Pigmentos Naturales.
La ulva, o lechuga de
mar, es esa alga de hojas chicas y muy verdes que suele verse por miles en las
playas generando una capa bastante desagradable en el borde del agua. Tanto así
que en época estival las comunas balneario contratan a personas que la retiran
para no repeler a los bañistas.
Esta humilde alga junto
al pelillo y el huiro son la base de una promisoria investigación que extrae
sus pigmentos para sensibilizar celdas fotovoltaicas. Es decir, utiliza las
capacidades de absorber luz de las algas para desarrollar nuevos y mejores
paneles solares.
Se trata de un trabajo
conjunto entre las facultades de Ciencias Físicas y Matemáticas, Ciencias
Biólogicas, Farmacia y el Centro de Biotecnología de la Universidad de
Concepción. El proyecto se adjudicó recursos Fondef-IDeA y está ejecutándose
desde enero de este año.
La vía verde
Los paneles solares
actuales, esos negros brillantes que se despliegan en los techos, cubren
amplias superficies de terreno o alimentan calculadoras, tienen el
inconveniente de que no funcionan bien en malas condiciones de luz, por lo tanto
su producción baja considerablemente cuando está nublado.
Además su construcción
incluye sustancias tóxicas o no degradables como cadmio y silicio, lo que hace
que cuando termina su vida útil el manejo de los desechos se convierta en un
serio problema.
“Acá estamos trabajando en aprovechar los
pigmentos de las plantas para, de manera natural, de manera verde, atrapar la
energía solar”, explica el dr. Paulraj Manidurai, director del proyecto “Celdas
Fotovoltaicas Sensibilizadas con Extractos de Algas Chilenas”.
El silicio, que es el material más común para
producir celdas solares, es de alto costo además de contaminante, por lo que “acá
usamos dióxido de titanio para atrapar energía ya que es un buen semiconductor
de electricidad, además es sano, se encuentra en pastas de dientes, en cremas,
en protectores solares”, detalla Manidurai.
Agrega que “la única desventaja es que el
dióxido de titanio es blanco y el blanco normalmente no atrapa energía visible
por lo que hay que teñirlo. Los pigmentos de las plantas ayudan a atrapar la
energía, son fotosensibles, entonces estamos trabajando para obtener estos
pigmentos y ponerlos en las placas”.
¿Cómo funciona eso?
“Las plantas captan la energía solar y usan
clorofila para hacer carbohidratos. Nosotros trabajamos de la misma manera pero
en vez de sintetizar carbohidratos estamos cortando la cadena para que esa
misma energía pase a ser electricidad. Para eso ponemos los pigmentos sobre el
dióxido de titanio que, como es semiconductor, capta esa energía”, detalla el
investigador.
El potencial de las algas
La aplicación de la fotosíntesis a la
generación de electricidad se está realizando ya con pigmentos de plantas
terrestres, por ejemplo de zanahoria o betarraga.
Sin embargo los investigadores dieron un paso
más allá y buscaron en las algas una nueva serie de pigmentos para las celdas
solares que están construyendo.
“Pensamos en las algas porque las otras
plantas se usan para la alimentación y se necesita mucha extensión de cultivo.
Las algas se pueden cultivar en el mar y hay mayor disponibilidad de espacio en
las costas”, explica el dr. Cristian Agurto, quien forma parte del equipo
investigador.
Agrega que, además, las algas “crecen más
rápido que las plantas terrestres y son más eficientes en el uso de la luz
porque están en condiciones más adversas. Están bajo el mar, soportan el
oleaje, la marea alta y baja y muchas variaciones en el calor y la luz solar, que
no es lo mismo que pasa con las plantas en tierra que están normalmente sin
grandes perturbaciones”.
Enfrentadas a estas condiciones adversas las
algas producen varios compuestos químicos que favorecen que la fotosíntesis sea
más óptima y ayudan a la clorofila a captar la luz del sol y transformarla en energía,
por lo que se postula que serán muy eficientes en la placa solar.
Pintar con luz
Las algas usadas en este proyecto, ulva, huiro
y pelillo, tienen la particularidad de producir pigmentos que captan la luz en
diferentes rangos de onda, es decir, a modo de ejemplo, que unas pueden captar
la luz del espectro ultravioleta y otras del infrarrojo o la luz solar visible.
Todo ello como parte de su adaptación a la vida bajo el mar.
Utilizar estas algas para los paneles solares
permitirá también captar un rango más amplio de luz que lo que se obtiene con
la tecnología actual que necesita luz solar directa para funcionar óptimamente
por lo que las celdas fotovoltaicas deben instalarse al exterior, con una
orientación determinada y bajan su eficiencia en días nublados.
“Nuestra apuesta es juntar diferentes
pigmentos para que la suma de todos nos dé el máximo rango de absorción de luz.
Eso permitiría tener al interior de la casa estos paneles y sólo con la luz que
llega hasta adentro hacer electricidad, porque las algas están especializadas
en captar luz de baja calidad”, asegura el dr. José Martínez-Oyanedel, director
alterno del proyecto.
Agrega que estas celdas solares optimizadas
con pigmentos pueden trabajar hasta con el 33% de la intensidad de la luz
solar, lo que más o menos corresponde a un día nublado, y su eficiencia no cae.
Destaca que ya existe un mercado grande de
celdas solares sensibilizadas por pigmentos, “pero todos esos se basan en
síntesis química con metales pesados, lo que se trata de evitar por la
contaminación que se genera. Y ahí viene la apuesta por los pigmentos naturales
entre los cuales las algas llevan la delantera por volumen y variedad”.
Otro beneficio de esta tecnología es la diversidad
de colores que ofrecen estas sustancias naturales, donde cada alga tiene uno o
varios pigmentos diferentes que captan distintos rangos de luz. “En principio
nosotros vamos a tener amarillo, verde, rosado, celeste y uno entre morado y
lila”, especifica Martínez.
De este modo se podría tener paneles
fotovoltaicos de varias formas y colores que servirían como elementos
decorativos dentro de la casa, podrían reemplazar ventanas por un colorido
mural e incluso transformarse en pinturas que cumplirían la doble función de
incorporar arte y energía al hogar.
PUBLICADO EN REVISTA NOS, CONCEPCION, AGOSTO 2018

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