La señora Celia suele sentarse en un sillón del living de su casa después de almuerzo. Su hija, Celia, se recuesta en su falda y así pasan un rato regaloneando, haciéndose arrumacos, diciéndose apodos cariñosos. Una perfecta postal de amor filial. Hasta que sin mediar razón alguna la hija agarra del pelo a su madre o la muerde y con tanta fuerza que ni los esfuerzos de sus dos hermanos y su padre logran zafarla. Lamentablemente esto no es ficción, es la situación que se vive día a día en la casa de Celia Chaparro cuya hija de 27 años, apodada “la Nona”, sufre un retardo severo asociado a episodios de violencia. “Ella es muy amorosa, si estuviera acá estaría encantada, entretenida, con su carita llena de risa, se estaría balanceando, estaría feliz, súper angelical. Pero hay una transformación en ella. En realidad no sé decir cómo se transforma. Entre todos, mis dos hijos, el papá, no hallan como hacerla soltarme si me tiene agarrada del pelo, por ejemplo, y lo mismo pasa con ellos. Es u...